Chávez: ¡Vámonos…!
enero 19, 2009
“Los presidentes se cansan de las malas noticias y algunos les agarran el tumbao”
Chávez: ¡Vámonos…!
Presidente, aquí entre nos, necesita botar a sus asesores o buscar otros. O tal vez no los tiene, lo cual es más grave. Usted ha tenido éxitos políticos, pero, desde hace algún tiempo, cosecha fracasos. No es que se equivoque, cosa que suele ocurrirle incluso a quienes, como usted, se consideran imprescindibles, sino que da la impresión de estar a merced de sus furias, como si los campos magnéticos se alteraron y el norte de su brújula sólo lo condujera al agujero negro que tiene a sus pies.
Sin Norte. Usted es un caso de librito. Si alguien se propusiera demostrar, en vivo y directo, la necesidad de los contrapesos institucionales, allí está su ejemplo para saber a dónde conduce la ausencia de aquéllos. Recuerde que, al comienzo, Luis Miquilena lo reconvenía en privado y José Vicente Rangel en público; existían más medios de comunicación independientes y los periodistas estaban acostumbrados a no medirse ante la eventual reacción del poder. Esos factores no le impidieron cometer disparates, pero operaba una cierta contención.
Se las arregló exitosamente para deshacerse de los factores de crítica. En un bolsillo tiene a la Asamblea, en otro a los supremos magistrados; con el meñique maneja al CNE, con un movimiento del codo derecho al Alto Mando, con un meneo de mandíbula a su partido, y con el tic que le sale cuando dice eh, eh, a Pdvsa. Ya no está Miquilena, que entonces cumplía el papel tranquilizante del litio; tampoco José Vicente que funcionó, por un rato, como el traductor de lo que usted quería decir. La disidencia chavista ha sido eliminada y queda usted solito sin una voz que lo modere, dejado al juego de sus humores y a su particular percepción de los acontecimientos.
Mire, a los presidentes les pasa que se cansan de recibir malas noticias y algunos colaboradores les agarran el tumbao, entonces no se las comunican y todo lo convierten en éxitos de embuste. La falsa crítica se transforma en una manera inteligente de adular, como, por ejemplo, cuando un funcionario le dice: “Presidente, yo creo que usted no comprende su extraordinario impacto mundial” o el otro que le indica “Comandante, a veces tengo mis dudas sobre si los venezolanos lo merecen”. Es la perdición del poder.
El Maltrato. Observe las piruetas de sus colaboradores.
Cuando usted expresa que la reforma constitucional debe ser para reelegir sólo al presidente, saltan los sospechosos habituales a exponer las teorías que así lo sustentan, trocados en constitucionalistas de primera. Y si algún disidente protesta, se lo comen vivo porque, ¿a quién se le ocurre esa tontería de que otros, distintos a usted, puedan reelegirse en forma vitalicia? A los pocos días Su Alteza Serenísima recibe un golpe de luna, le viene un resplandor de adentro, cambia de opinión y decide anunciarlo. Reúne a la manifestación más o menos portátil que lo acompaña ahora a los espacios (cerrados) en los cuales perora, y le anuncia que hay que reelegir a todos, por siempre. En ese momento, saltan aquellos que decían que era imposible la reelección, salvo para usted, con la misma caradura, a decir que era obvio, que cómo es posible que alguien pensara que sólo el jefe debía reelegirse, que lo natural era que gobernadores, alcaldes y diputados también lo hicieran.
Hasta aquí nada nuevo. Sin embargo, hay algo que parece despreciar. Se trata de la credibilidad. Ustedes la han perdido, no se les cree; se les ve demasiado el tramojo. Además, su cambio de posición significa que los que están pueden volver a postularse indefinidamente, pero, ¿acaso no advierte que lejos de suscitar simpatías en sus hinchas lo que le dice a los nuevos aspirantes es que no tendrán opción? Por cada gobernador o alcalde que quiera reelegirse hay 50 ó 100 candidatos a los cuales su propuesta les cierra el paso. Aquí, en confianza, no cree que alguien debería haberle hecho notar esta torta que ha puesto. Pero, cero preocupaciones: hoy mismo podría desdecirse y ya sabemos que sentir vergüenza, en sentido estricto, no es lo suyo.
La Resistencia vs la Oligarquía Roja, Roedora y Rica. Presidente: la idea de arruinar la gestión de las nuevas autoridades electas es muy mala. No digamos mala para el país que, a estas alturas, debe ser para usted una abstracción difícil de concebir, dada su personalidad planetaria, universal, incapaz de atender minucias locales. Es pésima para su régimen. Le apunto, mientras más sectario se presenta y más amplios los que se le oponen, su base se erosiona con más intensidad.
Usted y su gobierno han decidido que sólo una parte del país -la que les apoya- existe; lo demás está condenado a la condición de no-ciudadanía, de inexistencia institucional, de una nada que nada sobre el vacío creado por su régimen. Entretanto, los nuevos dirigentes provenientes de la disidencia, hechos los locos, le dicen a los chavistas que también caben; no les exigen camisas azules o amarillas y defienden su derecho a pensar como quieran sin que les cueste el trabajo. De sobra se sabe que el Gobierno está en el plan de hacer fracasar las nuevas gestiones, pero ¡fíjese!, hasta eso se le voltea; tanto los está cercando que un fracaso de ellos tiene en usted el culpable, pues les negó los recursos, les suprimió las competencias, los dejó inermes para enfrentar los desafíos que asumieron.
La descentralización le ha salido como un espanto en sus madrugadas insomnes. Allí se ha refugiado la resistencia institucional. Son unas fuerzas enormes que se despertaron y están despabiladas. Estaban latentes desde el siglo XIX y se expresaron de muchas formas, hasta que en 1989 adquirieron rostro institucional.
Son las fuerzas de abajo y de adentro. Son las fuerzas que usted no podrá doblegar porque su propia gente está allí, salvo el pequeño grupo de las tres erres, la oligarquía Roja, Roedora y Rica que lo rodea.
Referendo. El país parece que asistirá a un referendo anticonstitucional por su contenido, e ilegal por los rascabucheos del CNE. Se ha puesto a la sociedad en un nuevo brete, en el cual usted también está. Si no ordena aplazar la consulta, la perderá como apuntan las corrientes de opinión. Si usted pierde, el gallinero se embochinchará y hasta Petróleo Crudo, el camarada de Las Adjuntas, se lanzará como candidato para sustituirlo. Si usted pierde y hacen trampa -como la otra vez, ¿se acuerda?-, se habrá puesto en marcha la maquinaria para su deposición.
Si usted gana con los votos, decretará formalmente el apartheid para los no chavistas en el marco de una situación económica pavorosa en la que no le queda más remedio que adoptar un paquete neoliberal, aunque sea con tinte rosado. Ante esto, tal vez le tocaría reafirmar su parecido con Bolívar cuando en Bogotá, cansado de defecciones y derrotas, le dijo a su ayudante, José Palacio: “¡Vámonos volando, que aquí no nos quiere nadie!”
Pregunta y Respuesta
enero 18, 2009
“Es un acto que no se basa en ningún acuerdo social, ni siquiera entre los del Gobierno”
Pregunta y respuesta
La pregunta podría haber sido la siguiente: “Para conservar e incrementar su felicidad, ¿estaría usted dispuesto a admitir la modificación de los artículos 3, 25 y 68 de la Constitución, así como el numeral tercero del artículo cuarto de la Ley Penal del Ambiente, en concordancia con la supresión del artículo 27 de la Ley de Tránsito Terrestre con la finalidad de que quienes proporcionan su felicidad puedan seguírsela proporcionando, a pesar de todos los sacrificios en los que incurren para hacerlo?”
Una variante de estas formulaciones es la que se someterá a referéndum una vez que la comisión de redacción y estilo del CNE proceda a evacuar la solicitud de la Asamblea. Como se observa, las formas se están perdiendo en forma acelerada. Los próceres están saliendo de Palacio a medio vestir, con las braguetas desabrochadas, despelucados y en volandas. Han perdido el ritmo, el modo, la cadencia que les permitía un pasito a la izquierda y a la derecha dos más. Ahora todo es brutal. A pleno sol, la revolución ha procedido a orinarse en la Plaza Mayor.
Inconstitucional, ilegal e indecente. El Gobierno ha decidido un referéndum destinado a atornillar al Presidente en el poder y a sellar a cal y canto cualquier aspiración que pudiera surgir en las filas del oficialismo. La pregunta es ilegal, la consulta es anticonstitucional, el proceso es ilegítimo, y no hay ni un clavito respetable del cual colgar este adefesio. El CNE ha procedido con cara de palo, a violar toda norma. Es como si un general con tropa se parara en el Paseo de Los Ilustres y dijese que le sale de sus entretelas la convocatoria de una consulta electoral para pasado mañana sobre la conveniencia de mudar el estado Miranda a las riberas del Orinoco. Es un acto que no se basa en ningún acuerdo social, ni siquiera entre los del Gobierno, a los cuales se les obligó a decir Sí cuando la reelección era sólo para Chávez y ahora dicen otra vez Sí, sin sonrojo alguno, cuando el hombre está atacado por un cólico político.
La ilegalidad del acto es evidente para cualquier observador de los asuntos venezolanos. Sin embargo, hay una novedad y es la conducta de la sociedad democrática, la cual se apresta a participar en una consulta que sabe que no tiene base constitucional ni legal; que es un completo fraude; que la pregunta es un fraude; que los procesos son fraudulentos.
Se adelanta este narrador a decir que no pregona la abstención, la cual no tiene espacio ni, tal vez, conveniencia. Lo que se pone de relieve es que la ilusión de los procederes democráticos que para algunos todavía eran conservados en procesos electorales anteriores, no existe en ningún sentido, ni siquiera con una elástica interpretación de su factura.
Razones Opositoras. La disidencia democrática asiste a esta consulta írrita por dos razones básicas. La primera consiste en la convicción de que, como ocurrió con Pinochet en 1988, Chávez saldrá desbaratado en su intento de perpetuarse en el poder. No es una apreciación descaminada luego de las dos derrotas electorales fulminantes de 2007 y 2008. Hay confianza en que otra vez saldrá con las tablas en la cabeza; impresión a la que contribuye Chávez con el giro dado para incluir a gobernadores, alcaldes y diputados en la piñata, así como con las carantoñas que les prodiga a los jefes del PPT y el PCV, hace poco insultados por Su Alteza Serenísima. Los voceros democráticos dicen y redicen que uno a uno los pasos del oficialismo son anticonstitucionales, pero los aceptan en forma tácita en la certidumbre de que se gana; y, por supuesto, tratando de arrancar garantías mínimas del CNE y de cubrir el espacio electoral, mesas, observación y registro en la medida en que se pueda.
La otra razón por la que la mayor parte de la dirección política se orienta en esta dirección de participar en una consulta ilegítima es porque no hay otros caminos. Hay quienes sostienen, en un argumento no muy claro, que los ciudadanos han recuperado su confianza en el voto como mecanismo democrático; situación que contrasta con la creciente ilegalidad de los procesos electorales. En todo caso, es cierto que dos formidables golpes políticos ha recibido Chávez como producto de elecciones. Así, la oposición que dirige actualmente el proceso ha suprimido de su horizonte otros instrumentos de lucha para poder exhibir dentro y fuera de Venezuela que carece de matices golpistas. El paro, la huelga, la abstención, la solicitud de renuncia del Presidente, son herramientas que ni se consideran, las cuales, por cierto, tienen prosapia democrática y no son necesariamente vehículo para las aventuras sin destino. Hasta la movilización de masas se ha entregado casi exclusivamente en manos de los estudiantes.
Torpezas Bolivarianas. El régimen, por su parte, ha perdido la chaveta, al menos en aspectos esenciales. La pregunta que quieren formular para el referéndum es un galimatías para aguar la repugnante escena de un personaje emperrado en seguir en Miraflores. Sin embargo, los asesores del Gobierno no han caído en cuenta que, a estas alturas, la pregunta no importa, pues su sentido está en la calle: si quieres que Chávez siga por siempre, vota Sí; si no quieres que Chávez siga para siempre, vota No. La pregunta puede ser sustituida por otra, puede ser reemplazada por un garabato diferente, y ya todos saben de qué se trata.
A precios de hoy, el Gobierno tiene perdido el referéndum. Hay hastío con el hombre. Si no habla, desaparece de la escena; si habla, aturde. Se pone bravo; se hincha como un pez-globo y zapatea como un crío. Para la mayoría, Chávez se ha convertido en un ruido imposible, en martillo neumático en la puerta de la casa, en sonido de alarmas en la madrugada. Batman se ha bajado del batimóvil y encuentra que tiene el caucho espichado y no tiene repuesto.
En todo caso, hay que hacerse cinco preguntas que son indispensables y cuyas respuestas definirán el futuro: 1. Si pierde, ¿aceptará y se convertirá en un presidente “normal” que entregará el mando? 2. Si pierde, ¿se alzará y obligará al CNE a retrasar los resultados -como ya hizo cuando perdió la reforma- y a alterarlos? 3. Si intenta lo anterior, ¿tendrá fuerzas militares, políticas y civiles para lograrlo? 4. Si gana realmente, ¿cuál es la perspectiva para toda la disidencia democrática ante lo que podría ser una radicalización del proceso? Y 5 ¿si se asusta y lo aplaza?
El 23 de noviembre de 1939 Hitler afirmaba: “En fin de cuenta, debo con toda modestia calificar a mi persona como irremplazable, el destino del Reich depende de mí solo”. Algo parecido dijo el otro enviado de los dioses: “Y en este momento histórico -a mí me cuesta mucho decir esto porque se trata de mí mismo- la presencia del líder de la Revolución es indispensable para que se continúe profundizando la revolución bolivariana”. (Chávez, diciembre de 2008 )
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