Después del Nuevo Amanecer

septiembre 2, 2010

La diplomacia de Obama pasará a la historia como una política de apertura a nivel mundial y regional
Hoy oficialmente se ini- cia la operación “Nuevo Amanecer” con la retirada justificada y esperada de las tropas estadounidenses de Irak. El presidente Barack Obama cumplió su promesa de terminar el conflicto iniciado por su antecesor el presidente Bush al margen de las Naciones Unidas y de la opinión de sus compatriotas. El saldo es totalmente negativo para la diplomacia de Washington tanto en víctimas como en daños materiales. Aunque desapareció el dictador Saddam Hussein, no han logrado los iraquíes ni el desarrollo económico ni la democracia, tan esenciales como premisas para una paz duradera en esa región. Las últimas elecciones parlamentarias del siete de marzo dejaron a Bagdad sin un gobierno definido ni un liderazgo que garantice la estabilidad en ese país y en la región, esto ha sido aprovechado por la guerrilla y los terroristas de Al Qaida para crear mayor confusión, confrontar las fuerzas de seguridad iraquíes y a los 50.000 soldados que Washington mantendrá en Irak.

Entre las prioridades del presidente Obama al empezar su gobierno además de la búsqueda de la paz entre palestinos e israelíes, y el fin del programa iraní de enriquecimiento de uranio con fines militares, fue la necesaria retirada de Irak que se está cumpliendo. Ha sido exitosa la política y la nueva diplomacia del Presidente en estos campos, pero especialmente en su nueva relación con Rusia y China, países que han decidido apoyar a Washington en las sanciones propuestas contra Irán junto a Inglaterra, Francia y Alemania. Barack Obama dejó de lado el unilateralismo y el espíritu de confrontación permanente de los gobiernos republicanos, ha quitado de su lenguaje el concepto de “guerra mundial” al terrorismo. Para los conservadores ha sido demasiado débil y critican esta retirada militar de Irak, el buscado diálogo con Irán, la línea suave ante Corea del Norte y la renegociación con Moscú sobre las armas atómicas sin dejar de lado la flexibilidad ante el gobierno de Cuba y Venezuela. Los progresistas en su mayoría demócratas consideran justificada la “Revolución Diplomática” de Barack Obama en lo que denominan el Soft Power, frente a la política de Hard Power de los gobiernos republicanos.

Recientemente en la revista Foreing Policy, Robert Kaplan creador de la Teoría del Caos a propósito del fin de la bipolaridad, definía como oportuna y pragmática la nueva política exterior del presidente Obama y como una forma de dejar de lado la visión neoconservadora de Estados Unidos en su obligación de liderizar la libertad y la democracia en todo el mundo, además de imponer su modelo económico. La opinión pública norteamericana está pendiente del resultado de la retirada de las tropas norteamericanas en Irak, como de las actuales conversaciones que el Presidente ha forzado entre Palestina e Israel y el desenlace de la crisis iraní.

Lo cierto es que el mundo necesita líderes que más que en la confrontación fundamenten su política en la cooperación con la exigencia de la ética y la moral en las relaciones internacionales, Barack Obama parece estar en esa dirección, aunque en estos tiempos es difícil manejar la política nacional e internacional al margen de los riesgos de cualquier decisión. El Presidente está consciente de la necesidad del multilateralismo con la aceptación de actores tradicionales y emergentes, por eso su relación respetuosa con China y Rusia y su apertura hacia Brasil, China e India, su defensa a los derechos humanos y el compromiso con la democracia no solo en lo político sino en lo social. La diplomacia de Obama, pasará a la historia como una política de apertura a nivel mundial y regional. El mundo ya no es bipolar y Washington debe aceptar la presencia creciente de un Sur producto de la descolonización y donde el Occidente muestra su pasado imperial.

El señor presidente de Estados Unidos está en el camino de la reorganización del sistema internacional y por el respeto al regionalismo económico y político donde el paradigma es la Unión Europea.

La diplomacia de América Latina deberá seguir esta dirección donde los nuevos equilibrios y desarrollos se fundamenten en la regionalización sobrepasando el concepto del Estado Nación, hacia espacios geopolíticos integrados. Nuestros países al margen de las decisiones de los centros de poder mundial deberán seguir este camino con sistemas de integración regionales y subregionales como la CAN, el Mercosur y especialmente la reciente iniciativa de Unasur, con el respeto a la pluralidad, al Estado democrático y a la justicia social.

jcpineda01@gmail.com
@jcesarpineda


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