La crisis y el cambio
enero 19, 2010
En lo relativo a la crisis del suministro de electricidad, la ineptitud del gobierno ha alcanzado la cota más elevada que le falta a la represa del Guri. Falta de inversión y mantenimiento pasaron su factura en mala hora al pueblo de Venezuela
Pocas veces han concurrido en Venezuela tres eventos generadores de crisis económica y política como la que se abre a partir de diciembre de 2009.
A la quiebra e intervención de ocho bancos, siguió la devaluación del bolívar y luego el racionamiento de energía eléctrica en todo el territorio nacional.
La caída de los bancos se originó en una pésima supervisión bancaria y principalmente por un manejo corrompido de los depósitos oficiales en un grupo de bancos que sirvió para los préstamos relacionados a compañías de empresarios de maletín, enriquecidos bajo la frondosa sombra de los recursos del Estado.
Al final el gobierno no se apoderó de bancos sino más bien de cascarones vaciados por el peculado y ahora tendrá que lidiar con entidades financieras que serán una rémora para el presupuesto nacional.
MUCHA INEPTITUD
En lo relativo a la crisis del suministro de electricidad, la ineptitud del gobierno ha alcanzado la cota más elevada que le falta a la represa del Guri.
Falta de inversión y mantenimiento pasaron su factura en mala hora al pueblo de Venezuela. El fenómeno del Niño con su secuela de sequía no puede ser argumentado como causa determinante, debido a que la escasez de lluvia de 2001 y 2002 fue más intensa y sin embargo no hubo racionamiento.
Lo errático del gobierno se manifiesta claramente con la destitución del ministro de Electricidad, Ángel Rodríguez, de vida efímera en el despacho, como sus conocimientos en la materia. Su credencial era la amistad con el Presidente.
La devaluación del bolívar, negada una y otra vez por el alto funcionariado, no hizo sino corroborar lo que ya era una realidad, que la cotización oficial de moneda venezolana no aguantaba más y que su depreciación era solamente un asunto de tiempo, como efectivamente se comprobó.
Con fines de extraer recursos monetarios para el fisco, la devaluación del 8 de enero de 2010 es similar a la secuencia de devaluaciones que se han producido en Venezuela desde el 18 de febrero de 1983.
No es la intención del gobierno con esa medida sustituir importaciones y promover exportaciones porque no hay con qué en la Venezuela de hoy.
Entre otras razones porque la política de liquidación del establecimiento industrial y agropecuario del país ha sido lograda eficientemente por este gobierno.
Creyendo que acabando con la industria y la agricultura exterminaba de raíz a los grupos económicos de Venezuela, terminó el gobierno menguando la capacidad productiva de Venezuela.
PDVSA, BCV Y LA FAN
Este tipo de destrucción va aparejada también con la quiebra de tres instituciones fundamentales. Así, la principal industria de Venezuela, Pdvsa, ahora languidece víctima de la corrupción, el nepotismo, la politiquería y la falta de inversión.
El BCV, sostén de la estabilidad monetaria del país, es una mera dependencia del Ministerio de Hacienda, presto a emitir dinero sin valor y la Fuerza Armada Nacional, garante de la soberanía nacional, está severamente afectada por la politización y la infiltración de una ideología anclada en el pasado.
Todo ello pone sobre la agenda un cambio político que demanda Venezuela con exigencia de inmediatez.
La ruta hacia el cambio es clara y ella pasa por una victoria en las elecciones parlamentarias y eso es posible dada la nueva coyuntura socio-política de Venezuela.
Conformar una mayoría es posible y lo es en la medida en que las fuerzas democráticas dispersas se unan. Acá no hay espacio para terceros, son dos fuerzas las que van dirimir el futuro del país.
Una variante puede ser la recomposición de circuitos electorales por parte del CNE, lo que haría posible que el chavismo tenga mayoría parlamentaria aun sin serlo en los votos populares.
Si ese fuese el caso, ello expondría a Venezuela a un clima de inestabilidad y confrontación que la haría ingobernable, porque la fuerza ganadora de la voluntad popular se sentiría con el legítimo derecho de ocupar el espacio político correspondiente y que se le arrebataría.
Por eso es que el CNE no debe jugar con fuego, ya que nadie aceptará ser minoría cuando es mayoría.
Todo ese mundo de posibilidades de ganar es factible con una unidad de propósitos y teniendo la amplitud para unir a unos factores democráticos hoy dispersos pero con claridad de que divididos no tienen la mínima posibilidad del derrotar al régimen.
Tal Cual
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