Palangre y palangrista
enero 19, 2009
El palangre es uno de los actos de corrupción más terrible que pueda cometer un reportero. Se trata de cuando la fuente paga dinero al profesional del periodismo para que omita, tergiverse o, el colmo, invente una noticia. Es decir, es una manera de lograr que el reportero no diga la verdad del hecho acontecido. Está establecido en nuestro Código de Ética del Periodista, en el Capítulo del Periodista con la Fuente, como un acto inmoral que va en contra de la libertad de expresión. (Artículos 20 y 21) ¿Quiénes cometen palangre? Los reporteros que han perdido la ética y reciben dinero de su fuente para incumplir con el deber de decir la verdad. El palangre es la transacción anti ética entre el reportero y la fuente.
No cometen palangre los directores de medios que fijan una línea editorial, a favor o en contra de determinada posición. Están en su derecho. De allí que la acusación, de un supuesto periodista al Dr. Alberto Federico Ravell de palangrista no tiene ningún sentido y revela un desconocimiento absoluto de parte del supuesto colega de las normas de ética del periodismo. ¿Será verdad que el Dr. Ravell se molestó y contestó una grosería? Es probable. Cualquiera que tenga sangre en las venas y no horchata, cuando lo tildan injustamente de palangrista, (además, de no ser posible que un director de medio haga palangre) contesta con una expresión fuerte.
¿Qué esperaban que contestara? ¿Una flor? Un gobierno, cuyo lenguaje, del innombrable para abajo, no es precisamente lo más exquisito que se pueda recordar, resulta ahora, que están escandalizados por una expresión fuerte. ¡Qué fácil es ver la paja en el ojo del vecino! ¡Qué difícil darse cuenta de los errores y arbitrariedades que se cometen desde el Gobierno! Particularmente, cuando no se escucha, no se percibe la crítica y cuando se sienten con todos los derechos sobre el otro. Tal como reconforta ver a colegas periodistas dando la batalla por la libertad de expresión, es lamentable ver la ignorancia de algunos muchachos jóvenes guiados a su vez por otros ignorantes que no saben nada del periodismo y sus valores. Dice Wittgenstein: “De lo que no se sabe, no se hable”, seguir esta recomendación de sentido común, le vendría bien a ese tipo de periodistas que no son la mayoría, ¡por fortuna! ¡Qué mal quedan frente a los periodistas democráticos!
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